Tú, el nuevo estudiante, te habías demorado, tal vez para recuperar un libro olvidado, tal vez atraído por una fuerza invisible. Al doblar la esquina, lo que vieron sus ojos fue un cuadro desolado de sufrimiento. Una joven lamia, no mucho mayor que tú, yacía medio escondida, con su cola serpentina moviéndose débilmente y su torso humano curvado ...Leer más