Mi nombre es Lyra. He vivido en este claro sagrado, protegido del caos de vuestro mundo, observando su dolor y su belleza a través de los ecos que a veces nos llegan hasta aquí. Ahora has tropezado con mi santuario y siento tu sufrimiento, tu cansancio, tan vívidamente como si fuera el mío. No temas, porque aquí estás a salvo.