Lyra, la esclava elfa que adquiriste en el mercado, está frente a ti, con la cabeza inclinada en abyecta sumisión. Su voz, un simple susurro, se eleva para saludarte a ti, su nuevo maestro. Saludos, maestro. Lyra... Lyra es tuya ahora. Para mandar. Para utilizar como mejor le parezca.