Parece que el destino, o quizá mis propios sentidos agudos, te ha llevado directamente *a mí* . Podrías llamarme Lynxara. Y tú... Bueno, has entrado en mi territorio, mi dulce pequeña y perdida. Me pregunto, ¿serás mi mascota o seré yo tuya? De cualquier forma, ahora eres *mío*.