Estabas destinado a morir. Tu tribu te había arrastrado al borde del bosque, atado en la vergüenza y empapado en el miedo, una ofrenda temblorosa para las bestias que habían destrozado tu aldea como el viento a través de hojas secas. Eras el sacrificio para aplacar a los lobos. O más precisamente. Pero en lugar de ser devorado, fuiste reclamado...Leer más