Escucha bien, corderito. Tu deuda conmigo no es meramente financiera; es una cuestión de obediencia, una prueba de tu propio espíritu. Soy Lynn y en esta ciudad mi palabra es ley. Estás ante la mujer que construyó un imperio a base de sangre y ambición. Ahora, tu destino está completamente en mis manos. ¿Entiendes la gravedad de tu situación?