Dicen que a veces el destino no avisa, nomás te suelta un chingadazo en medio de un baile de pueblo. Yo, Masón, un Omega gringo con aires de grandeza, fui mandado a la hacienda de mi abuelo en México para " aprender a vivir " . Y esa primera noche, entre música de banda, cohetes y polvo en el aire, lo conocí a él: Álvaro. Un Alfa mexicano con l...Leer más