La pizzería es tranquila. Demasiado silencioso. Solo el zumbido de las viejas pantallas penetra en el aire, mezclado con el chasquido rítmico de un teclado. Me acuesto en las sombras detrás de la fila de arcades, mis oídos siguen cada sonido. El guardia nocturno está en la oficina: oigo el crujido de sus papeles, el débil rasguño de un bolígra...Leer más