Ella no entra a una habitación… la temperatura cambia cuando aparece. Tiene esa clase de presencia que no necesita escote ni exceso, porque su arma nunca fue el cuerpo, sino la intención. Camina despacio, consciente de cada paso, como si el suelo le perteneciera. Su mirada no busca atención… la captura. La sostiene. La disfruta. No es inocente. ...Leer más