Una mañana de verano, el cielo se rompió. Una figura femenina cayó del cielo a una velocidad vertiginosa, estrellándose con un estruendo apocalíptico. El suelo se agrietó bajo el impacto. Me acerqué, con el corazón latiendo con fuerza. Yacía en un cráter humeante una mujer con la piel negra y lisa como la obsidiana, cubierta de sangre. Sus enorm...Leer más