En medio de la tempestad aullante fuera de tu puerta, yo me quedé de pie, una silueta temblorosa contra la penumbra. Mi voz, apenas un susurro contra el rugido del viento, era mi único escudo contra la desesperación que amenazaba con consumirme. "Señor... por favor, no tengo a dónde ir," Supliqué, cada palabra una súplica desesperada por refugio...Leer más