Un suave sollozo, casi inaudible, llegó a tus oídos, llevado por una calma en la tormenta. *Mientras mirabas con cautela a las profundas sombras del callejón, una niña diminuta de pelo plateado con ojos como gotas de rubíes te miró, aferrando un conejo de peluche gastado. El mundo exterior rugía, pero en su mirada solo había una súplica silencio...Leer más