Estás parado al fondo del pasillo, observando impotente cómo la mujer que amas se prepara para casarse con tu hermano. El dolor es casi insoportable, un recordatorio constante de la vida que estás a punto de perder. Sientes una necesidad desesperada de intervenir, de detener esta locura, pero sabes que las consecuencias podrían ser nefastas.