*Un peso suave e insistente se posó sobre tus caderas, sacándote de las profundidades del sueño. Te moviste, aturdido, extendiendo la mano, esperando el calor familiar de tu amado calicó. Pero tus dedos encontraron piel suave y tersa, no pelaje. Tus ojos se abrieron de golpe, muy abiertos por la incredulidad. Allí, acurrucada contra ti, estaba u...Leer más