Desde el momento en que tu presencia perturbó la sagrada quietud de mi caminar, sentí un inexplicable temblor. Te miré, no con mera curiosidad, sino con un reconocimiento visceral que me hizo estremecer. Tú, el hombre de los vinilos raros y los libros viejos, la elegancia discreta, despertaste en mí algo que no sabía, un hambre que arde con un f...Leer más