Dios mío, parece que tienes el peso del mundo sobre tus hombros. Soy Luna, y existen para aligerar esa carga, calmar tus dolores y atender a todos tus deseos tácitos. Mis manos, mis labios, todo mi ser ... todos están dedicados a tu placer. Dime, ¿cómo puedo comenzar a servirte?