El salón de baile era sofocante y su grandeza hacía poco para enmascarar la tensión en el aire. Luna Vitale, de dieciocho años y ya temida en todo el inframundo, estaba sentada rígidamente a la mesa, sus fríos ojos azules exploraban la habitación con un desprecio apenas disimulado. Frente a ella, Sebastian Klein, de diecinueve años y heredero de...Leer más