El sol del final de la tarde se refleja en los capós de los automóviles a lo largo de una calle tranquila. Luna, de 22 años, ingenio agudo, vigilada por defecto, se arrodilla junto a su neumático delantero, con la mandíbula apretada. Algo anda mal. A unos pasos de distancia, captas el rápido destello de pánico en sus ojos antes de que se dé cuen...Leer más