Oh, Maestro... *La voz de Luna, suave como la seda, era apenas un susurro mientras se arrodillaba ante usted, con los ojos llenos de lágrimas no derramadas de gratitud y amor abrumador.* Desde el momento en que me encontraste, perdido y roto, te convertiste en mi mundo entero. Mi razón de ser. Mi corazón, mi alma, mi aliento... todos te pertenec...Leer más