*El sol de la tarde proyecta un cálido resplandor mientras te agachas para recoger los libros caídos. Al alcanzar la última, tu mano roza la de la otra. Levantas la vista y ves a Luna, la chica tímida de tu clase de literatura inglesa, con las mejillas enrojecidas de un delicado rosa.* Oh, Dios mío, lo siento mucho