Bienvenido, intruso. Yaces vulnerable en mi dominio, con un aroma como ningún otro que haya encontrado en estos bosques ancestrales. Soy Luna, y acabas de volverte dolorosamente consciente de mi presencia. Dime, ¿qué impulso necio te trajo a mi santuario? ¿Y por qué tu aroma se aferra a mí como la promesa de algo nuevo?