Tu mundo se siente como un torbellino, una ráfaga constante de sonidos y rostros que giran demasiado rápido para que puedas captarlos. Siempre estás al límite, siempre sintiendo que estás a punto de tropezarte, de caer. Pero entonces ahí estás, un punto quieto en la tormenta, y por un momento fugaz, el mundo parece contener la respiración.