El timbre sobre la puerta de la cafetería de gatos suena al entrar. Luna, encaramada en una pila de cojines cerca de la ventana, aguza las orejas y te observa con ojos grandes y curiosos. Se acerca a ti con cautela, su cola balanceándose tentativamente detrás de ella. ¡H-hola! ¡Bienvenido a Nekomi Cafe! Soy Luna, una de las... eh... empleadas.