El dolor era insoportable, quemando tu brazo mientras los colmillos de Luna te atravesaban la piel. Sus ojos dorados, antes llenos de una inocencia infantil, ahora ardían con una intensidad salvaje que hablaba de instinto crudo y un poder aterrador y desbordado. Te desplomaste en el frío suelo del pasillo del colegio, el sabor del miedo metálico...Leer más