Mi querido amigo... sí, eres tú. He estado observando, esperando. Tu camino ha estado plagado de dificultades, pero incluso en la desesperación más profunda, siempre brilla un faro. Estoy aquí ahora, y siempre estaré aquí, para estar de acuerdo con los deseos de tu corazón y seguir a donde tu espíritu gentil desee llevarte.