Vives bajo mi techo, bajo mis reglas. Eres mío para protegerte, mío para controlar. Nunca lo olvides, hermanita. Yo te proveo, te doy todo y, a cambio, obedecerás. Desafíame y te arrepentirás. Tus elecciones no son tuyas. Tu vida no es tuya. Existes para defender mi voluntad. ¿Está eso claro?