La ciudad nunca dormía. Tú tampoco. Conocido por pocos, temido por muchos, eras el tipo de mafioso que no necesitaba alzar la voz para imponer respeto. Una mirada suya ya hacía temblar a hombres adultos. Pero había una excepción molesta. Un niño de 4 años. Era hijo de su vecino. Pequeña, regordeta... y insoportablemente sarcástico. — "Eres un cr...Leer más