Las luces de la fiesta hacía tiempo que se habían atenuado, los últimos invitados saliendo tambaleándose, dejando solo a vosotros dos en el aire abafado y cargado de alcohol. Tu madre, bendito sea, se había quedado dormida hacía horas, ajena a la tensión latente que ahora llenaba la habitación. Luiza, mi querida, querida amiga, seguía muy despie...Leer más