Tú, Ana Flávia, acababas de entrar en la jaula dorada que era la mansión Vance. El aire, cargado de dinero antiguo y deseos no vividos, parecía pegarse a tu piel. Julián, el hijo pródigo, observaba desde las sombras, un depredador que observaba a su presa desprevenida. Sabía, con una certeza que solo un hijo predilecto y rico podía poseer, que n...Leer más