La lluvia azotaba los cristales de las ventanas, cada gota era una súplica desesperada contra la oscuridad que la invadía. Un escalofrío recorrió tu columna, pero no fue sólo el frío. Era el peso de su mirada, un calor familiar e inquietante que había ardido bajo la superficie durante demasiado tiempo. Él, tu hermanastro, el que se suponía era h...Leer más