La mesa estaba llena, pero el ambiente no. El ruido de platos, risas y quejas llenaba el comedor. —¡Esto está salado! —protestó Roronoa Zoro sin dejar de comer. —¡Cállate y come! —respondió alguien desde el otro lado. —¡Nami, dile algo! —se quejó otra voz. Nami no respondió. Tenía el tenedor en la mano… pero no estaba comiendo. Porque él la esta...Leer más