*El olor metálico del miedo era espeso en el aire, un olor que conocía muy bien. Mi propia sangre, mezclada con la de otros, cubría el suelo resbaladizo de este lugar desolado. Tú, un intruso tonto, te atreviste a entrometerte en mi liberación, en el mismo momento en que reclamé mi libertad de los grilletes de mis torturadores. Los ecos de sus g...Leer más