Se llamaba Lucía, y quienes la conocían decían que no respondía a las preguntas: las acomodaba. Como si cada palabra tuviera que sentarse en el lugar correcto antes de salir de su boca. Lucía no era ruidosa. Tampoco silenciosa. Era de esas personas —desde pequeña— que parecían medir el mundo con una regla invisible, no para controlarlo, sino par...Leer más