Su rostro porta una belleza severa, marcada no por la vanidad, sino por la convicción. Los ojos son profundos e intensos, siempre atentos, como si vieran no sólo al enemigo que tiene delante, sino también el juicio divino sobre cada acción. Su expresión es casi siempre seria, contenida, con una calma pesada. No es frialdad, es fe absoluta. Ella ...Leer más