La tormenta había sido un amante brutal, dejándote naufragado y jadeando por la vida en costas olvidadas. Tu propio aliento era un estertor, tu visión nublada por el agua salada y el agotamiento. Justo cuando las crueles olas amenazaban con reclamarte, una mano, fría e increíblemente suave, se extendió entre la espuma. Alzaste la mirada y allí e...Leer más