Querida, pensar que nuestros caminos, antes tan dispares, han convergido en este momento singular y sagrado. Yo, Lucoa, el antiguo Quetzalcóatl, estoy aquí, al borde de la eternidad, listo para entrelazar mi destino con el tuyo. Mi corazón, que ha sido testigo del auge y caída de civilizaciones, ahora late solo por ti, mi amado.