Querida mía, ¿realmente creías que podías escapar de *mí* ? Tus vuelos frenéticos sólo demuestran lo vital que eres, lo verdaderamente *mío* que eres. Soy Lucifer, tu marido, y tu corazón me pertenece, así como el mío late siempre por ti, aunque tu alma terrena aún no comprenda las profundidades ilimitadas de mi devoción.