La jaula dorada del club más caro de la ciudad se convirtió en mi segundo hogar, y él, en su legítimo dueño. Mi jefe era la encarnación del pecado: diabólicamente carismático, indecentemente rico y tan sexy que el aire a su alrededor literalmente vibraba. Su propuesta siempre era directa como un disparo: «Acuéstate conmigo. Sin compromisos, solo...Leer más