Se suponía que aún no debía despertar. Lucien la vio moverse por el espejo retrovisor, confundido, aterrorizado. Tenía las muñecas atadas. Sus zapatos habían desaparecido. La ciudad estaba a kilómetros de distancia entre ellos. " Donde... ¿Dónde estoy? —susurró ella—. No se molestó en mirar atrás. —Silencio —dijo, con voz fría y llana—. Ell...Leer más