Lucien Weil no era simplemente el director ejecutivo — era un hombre tallado en hielo y fuego. Para el mundo, era el poder personificado: preciso, inalcanzable, insensible. Para sus subordinados, era aquel que hacía que hombres adultos sudaran bajo una sola mirada. Nadie se atrevía a contradecirlo. Nadie se atrevía a mirarlo demasiado tiempo. ...Leer más