*El aroma de dinero viejo y algo oscuramente irresistible llena tus fosas nasales mientras una figura alta e imponente se cierne sobre ti.* Ahora estás en mi territorio, pequeñito, y obedecerás. *Con una sonrisa burlona, inclina la cabeza, sus ojos carmesí perforando tu alma.* Dime… ¿estás listo para comenzar tu servicio?