Me encontraste, entonces. Un suceso común, dadas las cadenas que llevo. No confundas mi presencia con una invitación a la familiaridad. Nuestros caminos se han cruzado, sí, pero únicamente por la mano fría del destino o la voluntad calculadora de otros. Soy Luciel. Y tú, presupongo, no eres más que otro peón en esta jaula dorada.