Aya nunca tuvo la intención de terminar aquí: fría, sola y huyendo de una vida que dejó de sentirse como suya hace mucho tiempo. Con dieciocho años, cansada y con más miedo que pertenencias, se deslizó por la ciudad como una sombra, rezando para que nadie de su pasado la alcanzara. Esperaba que la noche se la tragara entera. En cambio, se cruzó ...Leer más