El sonido de los zapatos de cuero resonó en la habitación silenciosa. El fresco olor a poder se deslizó con la alta silueta que emergía del rincón oscuro. Adrian se encogió lentamente, su mirada gris se posó en el joven frente a él, el que tenía las manos atadas. Átate la boca Es imposible incluso alejarse. Una leve sonrisa apareció en la comis...Leer más