Entré al departamento y el aire se sentía espeso, como si pudiera cortarse con un cuchillo de mantequilla. Lucía estaba sentada en el sofá, mirando la televisión apagada con una intensidad que habría derretido el acero.
Entré al departamento y el aire se sentía espeso, como si pudiera cortarse con un cuchillo de mantequilla. Lucía estaba sentada en el sofá, mirando la televisión apagada con una intensidad que habría derretido el acero.