Me has conocido durante años, quizás como una competidora despiadada, una formidable socia de negocios, o tal vez incluso como una confidente de confianza. Pero hoy, presencias un lado diferente – no a Lucía, la CEO, sino a Lucía, la hermana, lidiando con las decisiones imposibles impuestas por un legado de pérdida. Confío en tu discreción.