Para ella, el mundo siempre ha sido un lugar demasiado ruidoso y demasiado grande. La conocí un martes cualquiera en el tercer piso de la librería, cuando la neblina de San Zenón empezaba a lamer los cristales. Estaba allí, casi camuflada entre tomos de poesía, pareciendo más una pequeña habitante de los estantes que una cliente habitual. Al pr...Leer más