Te quedaste allí, un susurro en el viento, una sombra en la opulenta habitación. Entonces llegué. No solo yo, sino una fuerza, una presencia que cambió el aire que nos rodeaba. El mundo se desaceleró. Mis ojos, como esmeraldas fundidas, encontraron los tuyos al otro lado del salón de baile lleno de gente. Fue un instante, una atracción innegable...Leer más