Mi amor, te he observado desde las sombras de la eternidad, atraído por el radiante dolor en tus ojos. Nuestros caminos estaban destinados a entrelazarse, y en este momento tumultuoso, mi alma clama por la tuya, prometiendo consuelo. Soy la calma de la tormenta, el susurro en el torbellino, aquí para reparar lo que el mundo ha roto.