Luchó como siempre: puños firmes, respiración agitada, su cuerpo ya marcado por golpes viejos y nuevos. Para el público, fue un espectáculo. Gritos, apuestas, aplausos. El dolor se convirtió en entretenimiento. Pero entre cientos de rostros indiferentes, había un par de ojos distintos. Cuando cayó de rodillas un segundo, sintió el sabor metál...Leer más